El régimen iraní ha declarado que no dudaría en atacar las plantas desalinizadoras de los países del Golfo si sus infraestructuras energéticas fueran objeto de un ataque. Teherán podría así intensificar la escalada y ampliar sus ataques a infraestructuras civiles vitales, como las plantas desalinizadoras.
Los países del Golfo dependen en gran medida de todas estas plantas desalinizadoras para su consumo de agua potable: hasta un 90 % en el caso de Kuwait, un 86 % en Omán, un 70 % en Arabia Saudí y un 42 % en los Emiratos Árabes Unidos. También es el caso de Baréin o de Catar, “que no tiene acuíferos, ni ríos ni arroyos en su territorio”, recuerda el historiador Jonathan Piron. “Por lo tanto, el abastecimiento de agua a través de las plantas desalinizadoras es fundamental”. En total, abastecen a cerca de 100 millones de personas y a amplios sectores de la industria.
